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El Día, 23 de mayo de 1918

A veces los envoltorios menos atractivos contienen verdaderas perlas. Este es el caso. Un texto sin tan siquiera titular. Con las letras medio descolocadas, desvaídas, quizá por dejadez del redactor o tal vez por impericia del linotipista. Sin embargo, con un meollo lo bastante inquietante como para que el alcalde de Ribeira decidiese comunicárselo al  gobernador de La Coruña y lo bastante curioso como para que este quisiese compartirlo con la prensa.

La cosa fue así.

A la vista de un vapor presuntamente averiado metido entre los bajos de Corrubedo, los vecinos decidieron acercarse a él con ánimo de prestar su auxilio. En vez de agradecerles el gesto, los tripulantes los recibieron con revólveres, amenazantes. A nuestros paisanos se les quitaron las ganas de ayudar. Al mediodía, el barco zarpó con rumbo norte, no sin antes proporcionar una última y turbadora visión: la de un bote a remolque del navío y, en su interior, un hombre y varias mujeres…

¿Cómo explicar esta escena? ¿Qué fue lo que motivó que se llegara a tal situación? ¿Sería posible, después de un siglo, hallar las piezas que faltan y completar el puzzle?

Bueno. Nos pusimos a ello y algunas de las piezas fueron fáciles de encontrar. Por ejemplo, la identidad del alcalde de Ribeira: el incombustible José Martínez Fernández, nueve veces regidor de este nuestro municipio. También la del gobernador civil de La Coruña, un jienense llamado Enrique Toral y Sagristá, vagamente vinculado con los últimos de Filipinas.

Otras estaban siendo más complicadas, como el nombre del buque. Desde que nos topamos con el recorte de arriba (y con otros similares publicados al día siguiente) hicimos varias tentativas de averiguar las señas del vapor presuntamente noruego que venía de Lisboa camino de Londres, todas sin éxito. Había tan pocas pistas que nos parecía tan improbable dar en el blanco como acertarle a un petrolero con un tirachinas desde la góndola de un zeppelin que surca la estratosfera, si es que tal altitud es posible para un dirigible. Cada cierto tiempo volvíamos a probar fortuna, intrigados por aquella escena inusual. Pero nada. Agua.

Al final, de tanto disparar, nos ha sonreído la suerte. Ya sabemos el nombre del buque. Y lo más importante: sabemos qué le sucedió la noche antes de que nuestros antepasados fueran a socorrerlo al alba del miércoles 22 de mayo de 1918… justo el mismo día en que —y hay que joderse…— en la prensa de nuestro país se mencionaba por vez primera la que se iba a convertir en la penúltima gran pandemia de la historia…

La gripe española.

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Diario ABC el 22 de mayo de 1918: la primera alusión a la gripe española en la prensa del reino

No. No es que las mujeres y el hombre estuviesen confinados en el bote para evitar la propagación de la epidemia y que los tripulantes, con sus revólveres, fuesen almas caritativas que estuviesen librando, aunque fuese a las bravas, de un contagio seguro a nuestros vecinos pues al ser extranjeros hablantes de una lengua extraña no concibieron mejor manera de asegurar por gestos el mantenimiento de la distancia social que a punta de pistola.

No. No es eso. Los hechos fueron bastante más prosaicos, aunque eso de prosaico es mucho decir como vais a ver.

Pero antes de sumergirnos en ellos vamos a despejar otra incógnita… El nombre del barco.

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Que es este

D/S Senator. Un vapor de 70 metros de eslora, 9,5 de manga y 4,6 de calado con 995 toneladas de arqueo de registro bruto y 626 de arqueo de registro neto. Con pabellón noruego, efectivamente. Fue construido en 1906 en los astilleros Stavanger Støberi & Dok, al suroeste de la nación escandinava.

La nave estaba gestionada por la sociedad Holdt & Isachsen, formada por Holdt Hans Christian Weibye e Isach Schjelbred Isachsen, quienes se unieron en 1873 y fueron prosperando hasta convertirse en una de las compañías navieras más potentes de la ciudad de Stavanger, la cuarta más poblada del país. La empresa estaba especializada en el transporte de frutas y, de hecho, el Senator fue fletado a la todopoderosa (y siniestra) United Fruit el mismo año de su alumbramiento.

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Holdt e Isachsen

En el principio de su carrera, el Senator fue una presencia familiar en las llamadas Indias Occidentales, es decir, en las islas del Caribe, desde donde transportaba su mercancía bananera a los Estados Unidos.

Su trayectoria no estuvo exenta de sobresaltos. En las postrimerías del verano de 1908, su capitán fue barrido de cubierta por un huracán mientras el vapor cubría la distancia que separaba la ciudad jamaicana de Puerto Antonio de Nueva York:

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The Fargo Forum and Daily Republican, 26 de septiembre de 1908

En la primavera de 1916, los noruegos auxiliaron a 18 náufragos que habían zozobrado con la goleta Charles A. Cambell, que se mantenía parcialmente a flote gracias a su cargamento de traviesas de ferrocarril. En el momento del rescate, el Senator viajaba de Nueva York a Cuba a por azúcar:

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The Pensacola Journal, 8 de abril de 1916

Pero lo que traído el barco hasta aquí fueron los hechos acaecidos el 22 mayo de 1918. Menos de dos meses antes se había hundido en los bajos de Corrubedo otro navío noruego: la antigua factoría ballenera Hvalen, un suceso que ocasionó dos muertos que pudieron ser cuatro de no ser por la intervención salvadora de los corrubedanos Manuel Díaz y Ventura Fernández.

Aquella historia ya la contamos. Ahora nos enfrentábamos a otro buque con la misma bandera en aparente situación de peligro. El primero en contar la singular anécdota fue el vespertino madrileño El Día (subtitulado Diario de la noche) en su edición del 23 de mayo, que colgamos al principio de este post. Al día siguiente se sumaron otras cabeceras como su paisano El Imparcial:

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El Imparcial, 24 de mayo de 1918

El barcelonés La Publicidad:

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La Publicidad, 24 de mayo de 1918

Y el gallego El Diario de Pontevedra:

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El Diario de Pontevedra, 24 de mayo de 1918

Aunque no tenga nada que ver, no nos resistimos a reproducir otra noticia que compartió página con esta última columna…

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El Diario de Pontevedra, 24 de mayo de 1918, en la misma página

En solo dos días, la enfermedad citada tímidamente por el ABC se había propagado de manera fulgurante en Madrid y empezaba a causar cierta preocupación… tanta como para que un periódico pontevedrés le dedicase cerca de un centenar de líneas. Nos quedamos con esta frase: «Afortunadamente, la epidemia no es grave, como lo demuestra el hecho de que hasta ahora no se ha registrado ni una sola defunción»… Solo en España se calcula que hubo 200.000 muertos (el 1% de la población) a causa de la que iba a ser conocida en todo el mundo como gripe española. En el conjunto del planeta, de 50 a 100 millones de personas…

Pero, volviendo a nuestro tema, un golpe de suerte nos condujo al texto literal del telegrama tal y como se conserva en el Archivo Histórico Municipal de Ribeira. Dice así:

«Al amanecer hoy viose en Corrubedo un vapor entre bajos cerca tierra suponiéndole con averías, sin permitir acercarse pues disparaban tiros revólver al que intentaba aproximarse. Al medio día salió rumbo Norte suponiéndose lleva vía de agua por ir hundido popa. Desconocido detalles: lleva un bote a remolque con mujeres y un hombre».

Dos cosas nos llaman la atención. La primera: no es que estuviesen amenazando con revólveres a sus auxiliadores… ¡es que les estaban pegando tiros! Y la segunda es un detalle no reflejado en la prensa que nos libra de toda duda en cuanto a que nos confundamos de barco: el vapor navegaba hundido de popa.

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El telegrama en la parte inferior de la hoja tal y como consta en el Archivo Histórico de Ribeira

Después de esta larga perorata… ¿Qué le había ocurrido al Senator antes de su desencuentro con nuestros paisanos?

La respuesta la encontramos en La Voz de Galicia:

«Resulta que a la altura de Marín, a unas 150 millas de la costa, poco antes de llegar a la isla de Ons, un submarino alemán se le presentó de pronto por estribor y le lanzó un torpedo sin previo aviso.

El “Senator”, que al divisar el submarino había tratado de forzar la marcha, recibió en la popa el torpedo.

Este le abrió un boquete bastante extenso según se cree, y sin dejar de actuar las bombas pidió auxilio.

No tardó en acudir un barco francés armado de los del tipo “bou”, a cuya presencia el submarino no tardó en sumergirse y alejarse.

El “bou” francés prestó al “Senator” cuantos auxilios pudo, logrando que el barco noruego pudiese arribar a Corcubión.»

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La Voz de Galicia, 23 de mayo de 1918

Así pues, un submarino alemán… uno de los temidos U-Boote que sembraron el pánico durante la Primera Guerra Mundial incluso en navíos de naciones neutrales como Noruega. Un torpedo había abierto un boquete en el Senator [que, efectivamente, navegaba de Lisboa a Londres] y aun así el carguero fue capaz de alcanzar Corcubión con la popa medio hundida escoltado por un patrullero  francés, previo paso por los bajos de Corrubedo.

¿Y por qué los revólveres? Aquí solo podemos lanzar conjeturas. Puede que los tripulantes estuviesen sufriendo un miedo cerval después de haber mirado de frente a la muerte unas horas antes. O puede que supieran de esa (injusta) leyenda negra que tildaba a los moradores de estas costas como seres devorados por la «codicia sin entrañas», en expresión que habría de utilizar el marqués de Quintanar en 1920. Sea como fuere, la desconfianza de los nórdicos iba a continuar en Corcubión.

En cuanto a la presencia femenina en el bote a remolque, suponemos que las damas estaban ahí por esa archiconocida ley del mar según la cual, cuando un barco naufraga, las mujeres y los niños deben ser los primeros en ser evacuados. El único varón sería por tanto el barquero elegido para transportarlas a tierra sanas y salvas en caso de zozobra definitiva.

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El Diario de Pontevedra, 23 de mayo de 1918

Mientras los rumores de un ataque submarino circulaban por Corcubión, el capitán guardaba gran reserva sobre las causas que motivaron la avería del buque. Pero no eran tan cautos en la prensa de su país, pues ya desde el 24 de mayo muchos periódicos noruegos comunicaron el suceso tras ser informados por telegrama:

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Ovre Smaalenene, 24 de mayo de 1918

Entretanto, el Senator fue varado en la playa de Cee para disipar riesgos ante el boquete abierto en la popa. Según una noticia del santiagués Gaceta de Galicia, el hecho de que transportase un cargamento de corcho resultó la tabla de salvación que evitó su hundimiento. La tripulación seguía mostrándose reservada, por lo que el vecindario estaba dividido entre los que pensaban que había chocado con una peña y los que opinaban que aquello había sido obra de un torpedo.

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Gaceta de Galicia, 27 de mayo de 1918

Aunque en un momento dado se especuló con la opción de trasladarlo hasta el Arsenal de Ferrol para su arreglo, finalmente las reparaciones se efectuaron en Corcubión. Corrieron a cargo de la Compañía de Salvamentos Marítimos de La Coruña, una empresa con base en Camelle que había nacido en 1898 como Sociedad Barbeito y Rodríguez (duraría hasta 1924).

La Voz de Galicia menciona además un viaje del capitán del vapor, apellidado Hauge, hasta La Coruña para recibir instrucciones del comisionado de la casa armadora y de la compañía aseguradora, Raimundo Molina Couceiro, a la sazón padre de un niño de once años cuyo nombre no le será desconocido a ningún conductor que frecuente la ciudad blanquiazul: Alfonso Molina, futuro alcalde que dará nombre a la avenida principal de entrada a la urbe.

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La Voz de Galicia, 4 de junio de 1918

Ahora bien, cuando los arreglos habían finalizado y el Senator estaba a punto de abandonar la playa de Cee para enfilar a Inglaterra, recibió orden de no hacerlo debido a discrepancias en la cantidad a abonar a la Compañía de Salvamentos Marítimos de La Coruña.

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La Voz de Galicia, 22 de junio de 1918

Y la cosa se agrava con la incautación del barco noruego por parte de las autoridades de Marina…

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El Eco de Santiago, 23 de junio de 1918

La prensa ya no le dedicó más atención a este affaire, pero no debió de llegar la sangre al río, puesto que el Senator siguió deslizándose por los mares del mundo durante varias décadas. En 1931 finalizó su relación con la United Fruit y al año siguiente fue vendido a la naviera italiana Salvagno Anon. Nav., con base en Venecia. Como consecuencia del traspaso la nave fue rebautizada como Pietro Querini, en alusión a un capitán de aquella bella ciudad semihundida que en el siglo XV navegó hasta Noruega y naufragó en pleno invierno, pero pudo sobrevivir y regresar para contar la anécdota a sus boquiabiertos paisanos tras convivir tres meses con los aborígenes de una diminuta isla norteña llamada Røst.

Y, como una ironía del destino, llegamos al último episodio en la vida de este buque: el martes 22 de junio de 1941, mientras viajaba de Trípoli a Sicilia, el mercante se hundió algunas millas al sur de la isla de Pantellaria. La causa: los tres torpedos que le disparó el submarino aliado HMS Union durante la Segunda Guerra Mundial.

En mala hora se le dio por elegir bando en la contienda.

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El Pietro Querini yéndose al fondo. Esta vez nadie lo iba a salvar.