Tal como éramos

En algún momento de la primavera de 1911, José Ramón Moure Lamas, maestro nacional en Anceu, aldea situada en el municipio de Ponte Caldelas, pasó unos días en Corrubedo. El profesor sintió la necesidad de poner por escrito las impresiones percibidas en un cabo que, a su juicio, era «el que menos se menciona» en las estadísticas geográficas de cuantos existen en las costas de España. Y decidió mandar su texto al periódico pontevedrés La Correspondencia Gallega, del que el señor Moure no era en absoluto firma habitual. Aun así, salió publicado. El 20 de junio, martes. En página 2.

Gracias a ello hoy podemos recrearnos leyendo esta interesante crónica de seiscientas cincuenta palabras en la que se evoca un tiempo que ni el más viejo del lugar sería quien de recordar. Una foto-fija de la vida en el cabo en la alborada del siglo XX, cuando las noticias sobre naufragios estaban a flor de piel («el famoso tragador de buques», nos llama el profe) y se planificaban trascendentes obras que nosotros, habitantes del tercer milenio, disfrutamos bajo la falsa impresión de que siempre han estado ahí… cuando no directamente como reliquias del pasado.

No vamos a hacer ningún spoiler. Pero nos da la sensación de que el franco optimismo que muestra el maestro sobre el futuro que le esperaba a nuestro pueblo se ha quedado un poco a medio gas. Aunque una cosa sí es cierta: si en aquel entonces éramos los menos mencionados, ahora, 110 años después, hasta nos podemos chulear de enseñar nuestros encantos en todos los kioskos de España vía foto de primera plana del mismísimo El País. Y en sábado.

Cosas veredes.

La Correspondencia Gallega, 20 de junio de 1911

De entre los cabos que se encuentran en las costas españolas, es sin duda, el que menos se menciona, en las estadísticas geográficas, el de Corrubedo (Coruña), siendo uno de los de más importancia y renombre, atendiendo á los siniestros marítimos que en sus cercanías han sucedido y suceden con frecuencia; siniestros lamentables y dolorosos en extremo, que revelan con evidente claridad los tropiezos peligrosos que se encuentran para la navegación en aquella parte del Atlántico y que reclaman con justicia todos los medios auxiliares para poder navegar fácilmente.

Desde que lo he visitado, y en él permanecí algunos días, me he convencido por mí mismo y por orientaciones de personas cultas que en él habitan, que es un cabo de relativa importancia por los peligros de que he hablado, y por eso en su recuerdo, le dedico estos renglones.

Existe allí un antiguo Faro de 3.º orden, de luz fija, y a su lado se halla levantado un soberbio edificio para próxima instalación de una sirena que será de grandísima é indiscutible utilidad para las embarcaciones en los días de cerrazón y nieblas.

Desde el primer de estos establecimientos y bajo un hermoso horizonte, cuyo panorama resulta majestuoso y contemplativo en superlativo grado, se divisa en días despejados, el cabo Finisterre que con su promontorio semeja una gran ballena en actitud de avance al través del mar. Divísanse igualmente, en distintas direcciones, la ría de Corcubión, “Punta Lira”, los bajos llamados Brullós, los Meixidos célebres por el naufragio del “Cardenal Cisneros”; Punta Insua, Monte Louro, ría de Muros, faro de Rebordiño, bajos de Baya, Baroña, los Teilans, Rocin, Pozo y tantos otros puntos que se extienden hasta las Islas Cíes de Vigo, y los montes de Oya y La Guardia, en Tuy.

Todos estos puntos y otros muchos que no menciono, proclaman el valimiento del cabo Corrubedo que bien pudiéramos llamarle el famoso tragador de buques de distintas nacionalidades por los muchos que se hallan sumergidos en las profundidades del Océano.

Es indudable que por la situación topográfica que ocupa aquel Faro, su luz le sirve de mucha guia á los navegantes, y su acción se extenderá mucho más, si ese aparato anticuado llega luego á sustituirse por otro de los modernos; giratorio y de luz incandescente. Hoy está dicho establecimiento dirigido por dos colosos funcionarios los Sres. Díaz y Prego, á quienes por su amabilidad, debo el haber visto funcionar el aparato de referencia.

El pueblo en sí y dentro de los de esta clase, es de relativo valor. Sus habitantes se dedican constantemente á la pesca, por ser uno de los mejores puntos marítimos para ella, principalmente para la del congrio y la de la sardina.

Hay varias fábricas de fomento y de conserva, entre ellas, las de los acreditados Sres. Colomer, Mariño, Soler, y Fajardo, dedicadas á la preparación de todo pescado que exportan a diversos pueblos españoles y extranjeros.

Hay también almacenes, comercios de distintos géneros, panaderías, puesto de carabineros; cabos de mar; dos hermosas fuentes de agua potable que costeó el Ayuntamiento; varios centros de enseñanza públicos y particulares, y en construcción una carretera que ha de unir á dicho cabo con la ciudad de Riveira.

Llama verdaderamente la atención una montaña de arena, que se eleva en uno de sus lados, cuya extensión al través, es próximamente, de dos kilómetros y bajo la cual se dice, que está sepultado un pueblo.

El cabo Corrubedo con las mejoras que se avecinan y con otras que tienen derecho á esperar, tal como la construcción de un muelle que es una necesidad sentida figurará y no en plazo lejano en la primera línea de entre los de su clase, de España.

Y porque justamente lo merece, el que estas líneas traza, así lo desea para aquel pueblo de quien conserva los más gratos recuerdos y las más delicadas atenciones.

José R. Moure

Quién nos ha visto y quién nos ve