La plácida tranquilidad que suele acompañar a los jueves laborables de primavera en Corrubedo se vio trastocada ayer por un intempestivo despliegue de vehículos y personas que hizo intuir a los incondicionales del lugar que algo fuera de lo normal estaba ocurriendo.

Y así fue. Hoy la noticia está en todos los medios informativos que se ocupan de esta zona. Pero ayer, con los primeros rayos de la tarde, aún era un runrún… un inquietante hormigueo recorriendo la piel del puerto entre el semáforo y el murallón, hasta que, pasadas las seis, culminaba tanta expectación con la visión en la rambla de los objetos que habían provocado aquel inopinado movimiento: dos despampanantes cañones de bronce procedentes de algún presunto buque de guerra hundido a finales del siglo XVI. Una nave de la Segunda Armada Invencible que no habría tenido ocasión de combatir al zozobrar en nuestros bajos.

Y como un oportuno café de sobremesa consumido en un bar portuario hizo que por casualidad anduviéramos por allí, nos disponemos a dejar nuestro testimonio fotográfico del acontecimiento.

Aquí podemos contemplar la embarcación Punta Falcoeiro del Servicio de Guardacostas remontando nuestra descolorida farola a las 17.17 horas.

En realidad, todo había comenzado en la mañana del martes 13 de abril, cuando dos mariscadores de la cofradía de Aguiño se toparon con el hallazgo mientras faenaban en aguas próximas a Laxe Brava, a unos veinte metros de profundidad. Los mariscadores dieron aviso a las autoridades y, partir de ahí, se activó un operativo para recuperar las piezas que involucró a tres entidades: la Armada, el Servicio de Guardacostas de Galicia y la Dirección Xeral de Patrimonio de la Xunta.

Hasta siete buceadores de la Armada fueron necesarios para la trabajosa tarea de sacarlas de sus lechos y trasladarlas a tierra firme. Primero, hubo que incorporar a cada cañón un flotador para disponerlo en posición vertical. Después, muy lentamente, remolcarlos hasta la rambla del puerto de Corrubedo (y para ello hubo que doblar la punta del cabo, algo nunca fácil), donde un camión estaba aguardando, listo para transportarlos a la Estación Naval de Ferrol.

Junto al vehículo, apoyado en la escalera, nuestro vecino Francisco Sánchez Fraga, que además de profundo conocedor de nuestra historia local es miembro en la reserva del Grupo Especializado de Actividades Subacuáticas de la Guardia Civil. Durante su servicio en activo ha tenido que bucear por unos cuantos pecios.

A las 17.32 el primero de los flotadores alcanzaba la rambla. Entonces hubo que desinflarlo para que el cañón volviera a posición horizontal y poder amarrarlo bien antes de izarlo con una grúa.

Por fin, el objeto centenario pudo ser visto once minutos después por los curiosos que nos arremolinábamos en la rambla. Con una sorpresa.

El arma traía un pasajero en su interior.

Un pulpo. De kilo y medio, según el ojo experto de Saturno. Y los intentos de extraerlo no daban frutos pues el octópodo se empecinaba en resistir en su refugio.

Y cuando, resignados a realizar la maniobra con un polizón a bordo, se estaba descendiendo el arma hacia el camión, el animal saltó por voluntad propia.

Un alma caritativa lo devolvió al mar para poner punto y final a la anécdota.

Los minutos de espera por el segundo flotador animaron las conversaciones.

En ellas, hay quien daba cuenta de un tercer cañón más pequeño localizado por los mariscadores de Aguiño que, en poco más de veinticuatro horas, había desaparecido misteriosamente. Y hay quien se atrevía a hablar de la Armada Invencible: y no iba tan desencaminado al parecer.

Entre los diálogos cruzados nos quedamos con este. Entre Francisco Sánchez Fraga y, acodado en la borda del Punta Falcoeiro, el arqueólogo submarino Miguel San Claudio Santa Cruz, una eminencia en la materia con muchas investigaciones a sus espaldas, quien, a ojo, estimaba entre 750 kilos y una tonelada el peso del enorme cañón.

A las 18.08, el segundo artefacto, de menores dimensiones y un aparente mejor estado de conservación, emergía de las aguas corrubedanas. Una culebrina, dictaminó San Claudio.

Consumada la operación, los participantes se quitaron una foto de familia para inmortalizar la experiencia.

Pero aún queda mucho por hacer: queda la paciente labor de investigar y desentrañar la procedencia de los cañones. Una primera hipótesis apunta a que podrían pertenecer a una de las naves que perdió la flota de Martín de Padilla cuando se dirigía a Inglaterra en 1596 para apoyar la rebelión irlandesa, en lo que se conoce como Segunda Armada Invencible.

Y queda también la incógnita de qué ha ocurrido con el tercer cañón (¿aparecerá?) y si ha habido otros hallazgos (se habla de un ancla y de unas balas de cañón).

Quedan unos cuantos interrogantes, sí.

Pero de lo que no hay ni la menor duda es de que las aguas de Corrubedo guardan un fastuoso tesoro submarino del que apenas acabamos de vislumbrar un par de joyas.

Si un día vais a por él, cuidado con el pulpo.