Si el faro es la vista, la sirena es la voz. Si el faro es ese «ollar largasío» que infundió miedo al poeta Fermín Bouza-Brey, la sirena es un grito en el que reverberan los gritos de todos los náufragos de todos los barcos que aquí se han hundido.

Hace varias décadas que ha enmudecido… Ya sabéis… Otro artefacto convertido en antigualla por el avance implacable de la tecnología. Pero, a veces, en los días de niebla, se nos acuerda su sonido como si fuera ayer.

Penetrante.

Ultraterreno.

Como si en aquel ambiente denso, fantasmal, se estuviese convocando a los muertos para juntarse a los vivos.

Y una curiosidad. No una, sino dos edificaciones cercanas al faro fueron concebidas para albergarla, una de las cuales nunca se llegó a estrenar. Vamos a repasar la secuencia de los hechos.

Así como la creación de los faros se remonta a hace dos mil trescientos años (con el faro de la isla de Faros, ni más ni menos), la sirena de niebla es un invento comparativamente reciente, obra de un canadiense llamado Roberto Foulis después de leer en la prensa sobre la suerte corrida por el SS Arctic: barco que chocó el 27 de septiembre 1854 con otro navío en medio de una densa niebla en Terranova, ocasionando la muerte de más de trescientas almas. Foulis ideó un sistema según el cual se ubicarían en las costas una especie de silbatos de vapor, cada uno de los cuales utilizaría su propio código identificativo. Y así, la primera sirena de niebla del mundo se instaló en 1859 en isla Partridge, en la bahía de Fundy.

En cuanto a nosotros, corría el mes de febrero de 1905 cuando periódicos como El Correo Gallego, El Eco de Santiago o La Correspondencia Gallega anunciaron la implantación de «una señal sonora ó sirena “de niebla” en el Cabo Corrubedo».

La Correspondencia Gallega, 23 de febrero de 1905

Los sonidos de la señal habrían de tener una duración de treinta segundos y medio, con intervalos de dos segundos entre ellos y un sonido aislado de dos segundos separado veinticinco segundos del grupo.

Apenas un mes, después era «aprobado el presupuesto para la adquisición, transporte y montaje de una doble sirena con destino al faro de Corrubedo, por su importe de 85.181 pesetas».

Gaceta de Galicia, 22 de marzo de 1905

La sirena fue comprada ese mismo año a la casa francesa BBT (Barbier, Benard et Turenne: compañía fundada en 1862 especializada en la construcción de faros y otros dispositivos de señalización). Cuenta el profesor José Ángel Sánchez García en su magnífico libro Faros de Galicia [Editorial Fundación Caixa Galicia, 2004] que en 1908 el artilugio se montó provisionalmente en las inmediaciones de la coruñesa Torre de Hércules para realizar pruebas y comparar sus resultados con la sirena destinada a las islas Sisargas, fabricada por The Fog Signal Company.

Paralelamente, tenían lugar los trámites para contratar la construcción del edificio que debía albergar el ingenio y que iba a estar situado unos 150 metros al oeste de nuestro faro. Así, en abril de 1909 tuvo lugar la subasta de estas obras (con dos convocatorias: los días 17 y 29). La puja la ganó Silvino Garrido Fraiz por 39. 947 pesetas.

Madrid Científico, 1909

El inmueble había sido proyectado por el ingeniero Salvador López Miño (1969-1935), también responsable del diseño de algunos faros gallegos como los de Oza, punta Insua e islas Lobeiras. La instalación tenía formato rectangular, con un patio central para separar la zona de instalación de la sirena y la vivienda del encargado.

Si habéis estado alguna vez por aquí, seguro que os suena:

Alzado y planta de la sirena corrubedana según el proyecto de Salvador López Miño

La construcción del edificio concluyó en 1912.

Poco antes, leemos en El Eco de Galicia que la sirena a él destinado se puso a funcionar junto a la Torre de Hércules el 15 de octubre de 1911, de seis de la mañana a seis de la tarde. Y se solicitaba a capitanes y patrones prestos a entrar con sus barcos en el puerto coruñés que anotasen la posición desde la que escucharan el dispositivo y comunicasen la misma a la Comandancia de Marina [y una curiosidad: al año siguiente, el 10 de febrero, un fuerte viento se llevó por delante la caseta donde se guardaba el aparato: así lo contó el periódico local El Noroeste dos días más tarde].

El Eco de Galicia, 7 de octubre de 1911

Y bien. El 12 de noviembre de 1915, El Noroeste informaba de la devolución de la fianza al contratista Silvino Garrido por la construcción del edificio. Toda una década de procedimientos y trámites desde que se había anunciado por primera vez la intención de instalar aquí una sirena de niebla.

Sin embargo, nunca llegó a funcionar.

¿La razón?

Regresamos al libro Faros de Galicia, que en su página 443 explica que el cambio de apariencia y potencia luminosa de los faros de Sálvora y Corrubedo, unida a la instalación de radio-faros en Silleiro, Sálvora y Fisterra, hicieron que las autoridades se lo volvieran a pensar y acabaran por desistir de su instalación. Y que el edificio se reutilizó como vivienda anexa para el torrero encargado.

Hubo que esperar hasta junio de 1970 —en el largo ínterin, navíos como el Raith Rovers en 1923, el Cabo Oropesa en 1929 o el Virgen de Valme en 1958 sufrieron los rigores de la densa niebla con suerte dispar— para que finalmente una sirena resonase en nuestro cabo.

Un modelo con vibradores electromagnéticos de la casa BBT y grupo electrógeno Vendreuve de reserva dispuestos en un alto y delgado edificio erigido a apenas un metro del de López Miño.

Ahora sí. La música de viento acompañaría durante dos décadas a nuestras ensoñaciones en la niebla hasta que, allá por agosto de 1990, los mandos entendieron que ya no se necesitaban sus servicios… Adiós y muchas gracias. La sirena no se volvió a escuchar nunca más…

La Voz de Galicia, 31 de agosto de 1990

Aunque —triste consuelo— siempre podrá servir de atrezzo para alguna aclamada serie de televisión.