6 de febrero de 1947. Cuatro fotógrafos se reúnen en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Hastiados de sentirse minusvalorados por los medios de comunicación, de que ni siquiera se mencione la autoría de sus obras cuando se publican en la prensa, han decidido montar una cooperativa. Quieren que su trabajo se reconozca en su justo valor. Reivindicar la propiedad intelectual de sus creaciones. Y, ojo, ellos no son unos cualquiera. Sus cámaras han capturado algunas de las instantáneas más reconocibles. De la Guerra Civil española. Del desembarco de Normandía. De los campos de concentración nazis. Hablamos del húngaro Robert Capa, del francés Henri Cartier-Bresson, del británico George Rodger y del polaco David Chim Seymour. Paradójicamente, no hay fotos del encuentro en el MOMA, donde aquel póker de ases brinda con champán por el éxito de su alianza. Se dice que lo hacen con una botella tamaño mágnum. Y así deciden llamar a su cooperativa.

Magnum.

La más legendaria agencia de fotógrafos que nunca ha existido. La más exclusiva.

Desde su fundación, apenas un centenar de profesionales han sido elegidos como miembros de pleno derecho de la entidad. Los mejores del mundo. En España ha habido solo tres: Cristina García Rodero, Cristina de Middel y la gallega Lúa Ribeira.

Pero nosotros vamos a dejar atrás nuestras fronteras autonómicas y estatales, vamos a cruzar el mar como los vapores de antaño y lo cruceros de hogaño y a atracar en Inglaterra. Allí, casi en el centro geográfico de la isla de Gran Bretaña, nació un hombre que habría de ser dos veces presidente de la agencia. En el verano de 2003 estuvo aquí, en Corrubedo, en el transcurso de unas vacaciones con su familia. Por suerte, él no hizo como los cuatro del MOMA: sacó fotos de su estancia.

Su nombre es Peter Marlow y hoy, 21 de febrero de 2026, se cumplen diez años de su muerte.

Peter Marlow en 1989

Peter Marlow nació el 19 de enero de 1952 en Kenilworth, cerca de Coventry. Estudió psicología en la Universidad de Manchester, graduándose en 1974. Al año siguiente, su vida dio un vuelco al aceptar un trabajo de verano como fotógrafo a bordo de un crucero italiano por el Caribe. Aprendió a disparar con ambas manos. Después pasó varios meses en Haití en lo que fue su primer contacto con el Tercer Mundo. «La experiencia sirvió para abrirme los ojos a la miseria», dirá años más tarde en una entrevista.

En 1976 ficha por la agencia Sygma y se establece en París. Por órdenes de la agencia tiene que viajar como fotoperiodista por todo el planeta: cubre el conflicto de Irlanda del Norte, la revolución de Filipinas, la guerra de Angola, la del Líbano… Se hace un nombre, pero en ocasiones siente mucho miedo. «No me gustaba, no me importa admitirlo, no estaba hecho para eso», dirá.

Así que, para ganar libertad, en 1980 vuelve a Inglaterra y se une a la agencia Magnum como fotógrafo asociado. En su nueva etapa realiza retratos icónicos como el de Margaret Thatcher y emprende proyectos personales de largo aliento como el que conducirá al libro Liverpool: Looking out to Sea, la autopsia de una ciudad en decadencia. También sale al exterior. Cubre la cumbre en Bruselas entre Ronald Reagan y Mijaíl Gorbachov que inicia el deshielo de la Guerra Fría. El miedo no le arredra de pisar zonas calientes. Como la huelga en los astilleros polacos de Gdańsk liderada por el electricista Lech Walesa. O la revolución filipina que derivará en la destitución de Ferdinand Marcos.

En 1986 es nombrado miembro de pleno derecho de Magnum. Su campo de intereses se ensancha. Fotografía monumentos, aviones, edificios, fábricas. Como las cuarenta y dos catedrales anglicanas que integrarán una de sus exposiciones. O los últimos vuelos del Concorde. O las habitaciones vacías de los love hotels de Kioto. O la clausura de la factoría de los automóviles MG Rover. Todo tipo de celebrities posan para su Leica o su Hasselblad: de David Beckham a Michael Schumacher o Tony Blair. Ejerce funciones directivas como vicepresidente y presidente de la agencia. Recibe reconocimientos y cosecha premios. Como el National Headliner Award. O el de la londinense The Photographers’ Gallery. O ─cosa curiosa─ el de la tercera edición del Premio de Creación Fotográfica Luis Ksado, llamado así en tributo a quien, tal vez, tomó la primera imagen que conocemos del faro de Corrubedo.

Hizo muchas cosas, sí, pero nunca son suficientes. Un cáncer de médula ósea se lo llevó el 21 de febrero de 2016. Tenía 64 años.

Peter Marlow en 2008

Hasta aquí, un breve resumen de la trayectoria profesional de Peter Marlow. Sin fotos, exceptuando dos autorretratos. Quien desee embeberse en sus composiciones puede consultar, por ejemplo, los sitios web oficiales de Magnum Photos o de la fundación que lleva su nombre [abajo dejamos los enlaces].

Ahora es el momento de adentrarnos, siquiera tímidamente, en su vida familiar, ya que es en este contexto donde encaja su conexión con Corrubedo.

El rastro lo hemos localizado en el grueso libro cuya portada abre el presente post: Magnum Magnum, publicado en 2007 para conmemorar el sexagésimo aniversario de la agencia, bajo la coordinación de Brigitte Lardinois, su directora cultural durante más de una década,

El volumen contiene 413 fotografías de 69 socios ordenados alfabéticamente. Entre ellos, los cuatro del MOMA, pero también Abbas o Eve Arnold o Bruce Davidson o Nikos Economopoulos o Elliot Erwitt o Burt Glinn o David Hurn o Susan Meiselas o Martin Parr o Marc Riboud.

O Peter Marlow.

La mecánica para la confección del libro ─al que el Babelia de El País definió en aquel entonces como «la más ambiciosa y representativa recopilación» del trabajo de la agencia─ fue la siguiente. De cada autor, un colega escogía una selección de fotos y escribía una semblanza a continuación de una pequeña biografía. En el caso de Marlow, la tarea le fue encomendada a Mark Power, quien describió como un «verdadero reto» decantarse por las seis imágenes elegidas tras contemplar «miles de ellas».

Finalmente, así empezaba el apartado dedicado a nuestro protagonista:

Una foto de apertura y el currículo biográfico que precede a las impresiones de Power.

En las siguientes páginas veremos, entre otras, instantáneas del Concorde surcando el cielo y de los estertores de la Rover en Birmingham, última gran fábrica de automóviles de Gran Bretaña. Pero nosotros vamos a volver atrás y deternernos en la primera imagen:

Agucemos los ojos. ¿Qué dice el pie de foto?

Así es. Mark Power explica hacia el remate de su semblanza que la razón de haber elegido tanto esta foto como la siguiente que aparece en el libro ─de otro de sus hijos, Theo, durante unas vacaciones en Francia en 2006─ estriba en que «se trata de imágenes tomadas por un fotógrafo que pasa en casa mucho menos tiempo del que le gustaría, y por alguien que intenta comprender a las personas que más echa de menos ─y que son las que más valora en la vida─ y aprovechar el máximo los breves y maravillosos momentos que pasan juntos».

Y entre esos breves y maravillosos momentos figura un viaje que, allá en 2003, pasó por Corrubedo y dejó como testigos dieciséis puntos de crema solar marcados en la espalda de su hijo Max.

Buceando por internet, hemos encontrado otras dos imágenes que corresponden a aquella estancia. Una en una playa llena de niebla que, no sabemos por qué (o tal vez sí: el verano pasado vivimos allí un día muy parecido), se nos antoja A Ladeira:

La otra está quitada en un bosque cercano a nuestro parque natural:

Habrá más. Seguro. Guardadas en el álbum familiar de su mujer o de sus hijos. Como entrañables recuerdos de unas vacaciones lejanas que, como la propia vida de Peter Marlow, acabaron demasiado pronto.

[Algunas fuentes consultadas: Peter Marlow Foundation, «Peter Marlow» (Magnum Photos), Magnum Magnum (Brigitte Lardinois), «Las sobrecogedoras fotografías de Peter Marlow» (Vice) y «Magnum Photos at 70» (Magnum Photos)]