
Cuando hace unos días leímos la noticia de la presentación el viernes 17 de un libro de Daniel Bravo Cores al calor del centenario de la Cofradía de Pescadores de Carreira y Aguiño, celebrado en 2024, sentimos un poco de envidia sana. Y es que en un mundo paralelo, aquí, en Corrubedo, podríamos haber tenido un evento similar, con profusión de vecinos y autoridades.
Ya se sabe. Hace tiempo que se extinguió. Pero es bien conocido que también en 1924, antes incluso de la fundación del Pósito de Pescadores de Carreira, había nacido el de Corrubedo.
Hoy queremos rememorar aquel momento.

Vamos a comenzar esta historia con una medalla.
La que el Gobierno de Alfonso XIII concedió al hombre de la imagen de arriba: Alfredo de Saralegui y Casellas. Entre las noticias que se hicieron eco de tal condecoración, nos interesa la publicada el 24 de enero de 1924 en el periódico coruñés La Voz de Galicia.
La medalla en cuestión resulta fácil de distinguir en la fotografía. Es la que luce separada del resto, a un palmo por debajo del pecho izquierdo. Una estrella radiada. Su nombre: Gran Cruz de Beneficencia.
La noticia apuntada subrayaba la «inmensa alegría» que causó entre los pescadores asociados a los pósitos la concesión de esta medalla. No era para menos, pues él había sido el principal impulsor de los mismos.

Lo hizo, al parecer, a raíz de la pavorosa y sorpresiva galerna que en la noche del 12 de agosto de 1912 segó la vida de 150 arrantzales vascos, suceso que evidenció una falta de protección y previsión social que amparase a los supervivientes y familiares de las víctimas, abocándolos a tener que depender de la caridad. Ferrolano de nacimiento, Saralegui era en aquel entonces el encargado de la Ayudantía de Bermeo, la zona cero de la tragedia, donde, para que os hagáis una idea de la magnitud del drama, hasta cuarenta jóvenes novias que iban a contraer matrimonio en fechas próximas se convirtieron de un día para otro en viudas prematuras.
Consternado por el acontecimiento y sensible a las necesidades de la gente del mar, Saralegui redactó en 1915 un proyecto para la creación de pósitos de pescadores: una suerte de cooperativas que, además de organizar la venta, transporte, manipulación y exportación de la pesca de sus asociados y de la adquisición de embarcaciones, aparejos y otros medios de producción, se ocuparían de articular un sistema de socorro mutuo, asistencia sanitaria y educación contra el analfabetismo.
La idea prendió. En 1917 se crearon los primeros pósitos en Cambados y Teis. En 1918, la iniciativa recibió un espaldarazo a través de una real orden del Ministerio de Marina que asignaba cantidades no inferiores a 50.000 pesetas en apoyo a la creación de estas entidades. Ese mismo año se fundaron cinco (en Altea, Cartagena, Bouzas, Almería y Tortosa). Al siguiente, diez. En 1920, ocho. En 1921, veintidós. En 1922, dieciséis. En 1923, treinta. Y llegamos a 1924 y al anuncio del otorgamiento de la Gran Cruz de Beneficencia en las páginas de La Voz de Galicia.

En la segunda mitad de la columna emerge otro hombre esencial para nuestra historia. El alférez de fragata Ángel Alvariño Saavedra (1880-1935), ayudante de Marina del distrito de Muros, quien estaba desarrollando una intensa labor propagandística, casi evangelizadora, propiciando el nacimiento de los pósitos de Muros, Esteiro y Lira y pateándose otros puertos de estas costas para incorporarlos a la causa.
De ahí que, tal como refiere el rotativo, acabara de tener una reunión en Ribeira en la que recibió «muy justos aplausos». Aunque lo que más nos interesa es lo que dispone el antepenúltimo párrafo:
«El referido ayudante estuvo días ha en Corrubedo, a donde se propone volver en breve, para organizar allí otra sociedad a cuyo fin, habló lo concerniente a aquellos pescadores, convencidos y entusiasmados por asociarse.»

Efectivamente. El viernes 7 de marzo en el vespertino madrileño La Voz se recogía una pequeña noticia de la agencia Febus informando de la inauguración del pósito de Corrubedo, con presencia del ayudante de Marina, acompañado por el «elemento oficial» y numeroso público.
La pieza estaba datada en el día anterior, jueves 6 de marzo, a las ocho de la noche. Con lo que podemos presumir que habría sido esa la fecha en que, hace dos años, habríamos festejado un centenario que no fue.
Una semana después de la breve noticia de La Voz, el diario vigués El Pueblo Gallego publicaba una información mucho más detallada que nos permite profundizar en el acontecimiento.

Primero, el escenario.
La noticia informaba de que el encuentro convocado por el ayudante de Marina Ángel Alvariño Saavedra tuvo lugar en los «amplios almacenes» del «almacenista» Andrés del Río, donde se reunieron unas trescientas personas convocadas para tal fin.
¿Dónde estaban esos almacenes?
Acudimos al libro Las fábricas de Corrubedo de Santiago Llovo Taboada, cuyo octavo capítulo lleva por título «Salgadura de Andrés Higinio del Río González». Ahora bien, este no sería el almacenista a que hace referencia la noticia (murió en 1918), sino su hijo: Andrés Higinio del Río Ferrer, aunque, en realidad, quien habría heredado la fábrica de salazón habría sido un hermano de este, Enrique, que la vendió en 1925 al emigrante retornado José Brión Rodríguez.
Sea como fuere, el almacén se encontraría frente a la actual Casa del Mar, mirando desde la parte donde se halla el acceso al Club de Jubilados y el antiguo bar. Esto es, en la edificación esquinera de dos plantas que se aprecia en el centro de la imagen de arriba ─aún existe, repleta de vida─, cuyas amplias instalaciones se prolongaban hacia atrás.

Segundo, el estamento oficial presente.
Estaba Ángel Alvariño y estaba el almacenista Andrés del Río.
Curiosamente, consultando otro de los libros de Daniel Bravo Cores ─Riveira. Alcaldes para un siglo (1860-1975)─, nos enteramos de que, en el momento de la inauguración, Del Río llevaba tres semanas como regidor ─desde el 15 de febrero─ en el que sería su quinto y último mandato al frente del Ayuntamiento de Ribeira. Así pues, además de como anfitrión (o como hermano del mismo o al menos como representante de la familia), su presencia estaría justificada de lleno como máxima autoridad municipal.
Al evento acudieron también otras personalidades: el celador de puertos en Santa Uxía, señor Filgueira; el cura vicario Ramón Hermida Fernández; el torrero Antonio Pérez Díaz; y el «inteligente pescador» Manuel García Pérez.

Tercero, el desarrollo del acto.
Ángel Alvariño tomó la palabra para explicar el origen y finalidad de los pósitos de pescadores y elogiar la labor de Alfredo de Saralegui, a quien se le acababa de otorgar la Gran Cruz de Beneficencia. Ejemplificó las ventajas de la idea en el ejemplo de Muros, con tres sociedades y cuatro centros culturales dirigidos por maestros nacionales y personal adecuado para compartir el conocimiento del mar.
Se acordó el nombramiento de una comisión organizadora formada por los pescadores José Olveira Sayar, José María Sayar Prego y Francisco Ageitos, además de los «señores expresados» anteriormente. Y se decidió enviar sendos telegramas al jefe del estado mayor de la Armada y al presidente de la Caja Central de Crédito Marítimo ─antecedente del actual Instituto Social de la Marina─ expresando su adhesión.
Ayer igual que hoy [véase si no la reunión del lunes pasado con la nueva alcaldesa María Sampedro en la Casa del Mar], la parte final del encuentro fue para las reivindicaciones. Así, los vecinos de Corrubedo solicitaron un celador de puertos para el despacho de embarcaciones y otros menesteres , «ya por la importancia que va adquiriendo la población de 2.000 habitantes [multiplicando por tres la de ahora], ya por la distancia que la separa de Riveira, capital del distrito, que hace perder días de trabajo a los pescadores para los despachos, renuncias de seguros, etc.» .
Una última cuestión. Contradiciendo a La Voz, según El Pueblo Gallego esto no sería tanto una inauguración como una reunión preparatoria, pues el acto oficial habría de celebrarse a finales de marzo. Si fue así, no parece que haya quedado constancia del mismo en la prensa.

Lo cierto es que un mes después nuestro pósito ─que en el momento de su creación contó con 120 asociados según leemos en el libro Los pósitos de pescadores. Una inusitada aventura reformista, de Alberto Ansola Fernández─ ya estaba plenamente operativo, como atestigua su participación en una reunión celebrada en Vilaxoán en defensa de la pesca en el litoral de Galicia: un problema que no cesa, vistas las concentraciones del último lunes.
Así lo contó El Pueblo Gallego:

Y en mayo el aparato pulmonar del pósito de Corrubedo cogió aire y se animó a lanzar sus propias propuestas. En concreto, la de que la pesca de langosta fuese libre del 1 de abril al 30 de agosto por ser más conveniente para la propagación del crustáceo.
Tal fue la tercera petición del segundo grupo de conclusiones referidas en este recuadro:

En fin. Así germinó una institución que durante las siguientes décadas (ya como pósito, ya como cofradía en la dictadura franquista) habría de dinamizar la vida en el pueblo.
Aun muerta como El Cid y Son Goku, nos regalará nuevos episodios en este blog.
O en eso confiamos.

[Algunas fuentes consultadas: Los pósitos de pescadores. Una inusitada aventura reformista (Alberto Ansola Fernández), Riveira. Alcaldes para un siglo (1860-1975 (Daniel Bravo Cores), Las fábricas de Corrubedo (Santiago Llovo Taboada), «La tragedia de los arrantzales, origen de la Caja Central de Crédito Marítimo» (María Julia Bordonado Bermejo, publicado en la revista Mar, n.º 594) y «Evolución de los pósitos de pescadores» (Jacinto Insunza Dahlander, publicado en la revista Mar, n.º 595)]
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