
¿Hubo un faro antes del faro?
A priori no parece. Y, sin embargo, hay quien apunta a tal posibilidad.
La duda la ha provocado una extraña expresión con la que, según se dijo, se conoció una vez a nuestro cabo. Tres palabras. Escritas en un mapa. Impresas en un derrotero.
«Aceitero de armada»
Contexto.
El (actual) faro de Corrubedo encendió su luz el 20 de febrero de 1854. Cinco años antes, la expresión «Aceitero de Armada» había aparecido en la página 115 de una obra esencial de la náutica española de la época.
Nos referimos a Derrotero de las costas de España, de Portugal, y de las islas Azores o terceras, en el océano Atlántico: obra concebida originalmente por el marino y cosmógrafo gaditano Vicente Tofiño de San Miguel.

Lo cierto es que en su versión inicial, datada en 1789, aún no había la referencia:

Ni tampoco en el Atlas Marítimo de España que Tofiño de San Miguel publicó también en 1789:

Pero sí en la segunda edición del Derrotero, de 1849, corregida y aumentada por la Dirección de Hidrografía, que era la principal institución del Reino de España en lo referente a la elaboración de cartas náuticas y otros documentos útiles para la navegación:

«Cabo Corrobedo ó Aceitero de Armada. El cabo Corrobedo, que los naturales conocen por el nombre de Aceitero de Armada, es una punta de tierra que se avanza de la costa hácia el NO., formada de peñascos negros en su orilla, y de arena hácia la parte de tierra hasta una milla del agua: es limpia á un quarto de cable de distancia, y es fácil conocerle por dos montecitos que hay al ENE. de él: el mas pequeño á milla y media de distancia, de color blanquizco y terminado en punta bastante obtusa; y el mayor á dos y media millas al mismo rumbo, de color mas oscuro y tambien terminado en punta; pero mas aguda que la del primero: el mas chico se le conoce con el nombre de Facho, y el mayor con el de Taume, los quales han sido marcados en nuestras cartas de Tofiño con el nombre de Tombos mayor y menor.»
Reencontramos la misma denominación en el tomo francés Routier des Côtes Septentrionales d’Espagne, depuis Bayonne jusqu’à la frontière de Portugal, publicado en 1859 en Bayona y París por el caballero de la legión de honor L. André, siendo una traducción de la última edición de la obra de Tofiño.

Y en 1864 nos la volvemos a topar, esta vez en italiano, dentro del volumen Nuovo Pilota dello Atlantico Settentrionale, publicado en Livorno por el caballero Luigi Lamberti:

Ahora bien, el singular topónimo puede que ya hubiese aparecido décadas antes plasmado en un mapa. Concretamente, en el plano de los «baxos de Corrobedo» que el capitán de fragata de la Armada Ignacio Fernández Flórez dibujó en 1831 y hoy se conserva en el Museo Naval.
Al hilo de ello, es muy interesante lo que se indica en las páginas introductorias del libro Catálogo de cartografía histórica de España del Museo Naval, publicado en 1990.

Allí se explica que el capitán de fragata Antonio Doral y Anuncibay, al mando del bergantín Guadiana ─anteriormente llamado Triunfo─, fue destinado por Real Orden del 22 de noviembre de 1827 al reconocimiento de las rías de Galicia. El objetivo principal de esta misión era actualizar las cartas náuticas de esta zona de las costas españolas, las cuales habían sido insuficientemente detalladas en el Atlas de Tofiño. Durante los tres años que estuvo al frente de esta comisión, Antonio Doral levantó las cartas de las rías de Vigo y Marín.
El 14 de diciembre de 1830, tras ascender a capitán de navío y obtener licencia por asuntos propios, Doral fue sustituido en el mando del Guadiana por José Montojo. Pero Montojo desempeñó el cargo por poco tiempo, ya que el 25 de junio de 1831 el capitán de fragata Ignacio Fernández Florez fue designado para continuar la comisión al mando del mismo bergantín. Sus primeros trabajos se desarrollaron, precisamente, en las rías de Arousa y Muros.
Así, el plano de nuestros bajos está fechado el 12 de diciembre de 1831, tal como explica el mencionado catálogo:

Imposible leer aquí el topónimo. Pero hay una ampliación de este mapa en el libro de Francisco Sánchez Fraga Santa María del Cabo de Corrubedo (coto del mismo nombre), publicado por la Diputación Provincial de A Coruña. Y ahí sí podemos vislumbrarlo:

«¿Aceytero de armada?». «Ayteiro de armada?». «¿Aydeira de armada?».
Sea lo que sea lo que dice, debe de haber una ilación invisible entre esta expresión manuscrita y lo que recogen los posteriores libros en castellano, francés e italiano.
Hasta aquí la documentación histórica.
La primera vez que leímos sobre la posibilidad de un faro anterior al faro fue en Toponimia de Ribeira, de Fernando Cabeza Quiles, publicado por la Real Academia Galega en 2023. Lo hace precisamente al abordar la etimología del lugar corrubedano de ‘O Faro’
El filólogo no se resiste a lanzar la hipótesis de la existencia de un faro anterior al actual en el mismo lugar o en sus proximidades.
Lo hace por dos razones.
La primera es que tal aseveración ya la había formulado Carlos García Bayón. Aunque ahí no se explicita, el antiguo cronista oficial de este ayuntamiento barbanzano la ofreció en la página 89 de su obra Riveira: guía urgente pero apasionada, de 1998:

«El actual faro que protege una de las áreas más peligrosas de la Costa de la Muerte, fue edificado en 1853 sustituyendo en el mismo solar a otro anterior»
La segunda razón es justamente la existencia del topónimo ‘Aceitero de Armada’ antes de la construcción de Celedonio de Uribe.
¿En alusión a un faro de aceite?
Aunque Cabeza Quiles yerra al atribuir la asignación del nombre al propio Tofiño de San Miguel, lo cierto es que la Dirección de Hidrografía que amplió sus trabajos era también una fuente de absoluta solvencia…
Y de lo que ni Antonio Cabeza Quiles ni Carlos García Bayón tienen demasiadas dudas, y así lo reflejan en sus respectivos textos, es de que nuestro faro tuvo un antecedente en la cima de Monte Facho (al que Vicente Tofiño de San Miguel denominó ‘Tombo Menor’, en tanto que el ‘Tombo Mayor’ sería Monte Tahume), pues allí ardería una fogata para guiar a las embarcaciones…
Un matiz. Tal como explicó el arqueólogo Miguel Ángel Vidal Lojo en su conferencia de 2019, ciertamente hubo una construcción cuadrangular del siglo XVIII en la cumbre de ese monte en la que cuando la ocasión lo requería se encendía un fuego, no tanto para orientar en la navegación como para alertar de la posible aparición de una flota enemiga.
Aquí tenemos sus restos:

En definitiva. Acabamos como empezamos.
¿Hubo un faro antes del faro?
Para nosotros sigue siendo una incógnita.


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